el Gaviero

un blog personal de José María Cumbraos

Documentales para combatir la intolerancia

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Al hilo del estreno de Patria, historia nuestra pero también universal, revisamos tres miradas sobre la intolerancia documentada en imágenes cuya emisión coincide estos días en las pantallas con la serie de Aitor Gabilondo. La primera de ellas es un viaje al interior de los incandescentes restos del Estado islámico; los otros dos trabajos, centrados en las víctimas del terrorismo etarra (un corpus audiovisual todavía escaso pero en crecimiento) contribuyen en la necesidad de dignificar su memoria, una labor que jamás deberíamos descuidar, a través de la única solución posible: la información y la verdad.

Pilar Requena, con un bagaje profesional de más de 25 años en la televisión pública, expone en El legado del califato (disponible en la web de RTVE) todo un reto para las democracias occidentales: el limbo en el que se encuentran más de 5.000 yihadistas, detenidos tras la caída en 2019 de los últimos bastiones del autodenominado Estado islámico y cuya seguridad física y jurídica es imposible de asumir por la administración kurda que los mantiene en hediondas cárceles al norte de Siria. A ese problema se añade la situación de sus familias, mujeres (muchas de ellas voluntarias por la Yihad, otras de ellas secuestradas y violadas) e hijos (concebidos para ser futuros soldados del Daesh), hacinados todos en campamentos insalubres y alejados de cualquier futuro decente.

Ruinas de Mosul, Irak (Foto: Levi Clancy , Unsplash)

Por mucho que el terrorismo (el etarra, el islámico, en cualquier modo perverso) se haya instalado en nuestra cotidianidad resulta todavía aterrador enfrentarse a ciertas imágenes, definitorias de lo que significa la intolerancia, el odio al que piensa de otra manera, la radical fijación en que lo propio es lo único válido, que otras ideas y mundos deben perseguirse y aniquilarse. Sigue causando perplejidad observar cómo el convencimiento que ha llevado a alguien de Occidente a esa zona del mundo persiste reafirmado; detectar las miradas de odio dirigidas a quien osa grabarles con una cámara, causa pavor.

El documental actúa como tremendo aviso a navegantes: la reaparición del Estado islámico es inevitable. En ello coinciden todos los expertos a los que Requena entrevista y es misión de Occidente mitigarlo, poniendo las bases para que esa semilla no germine.

Impedir que la intolerancia no triunfe de nuevo, que las víctimas vean su dolor reparado y la justicia y la memoria se impongan es, por diferentes caminos y medios, el objetivo último de 1980 y de Lagun y la resistencia frente a ETA.

En 1980 la banda terrorista ETA, con más de 100 comandos activos, asesinó a 98 personas. Muy lejana su génesis tardofranquista, el terrorismo vasco apenas se diferenciaba en esos momentos (nunca lo hizo) en métodos y fines de cualquier organización mafiosa, sin reparar en actuar contra todo aquel que resultara simplemente sospechoso de colaborar con el enemigo. Esa fatídica «socialización del sufrimiento» es lo que Iñaki Arteta, en la línea de anteriores trabajos como Voces sin libertad o Trece entre mil, nos descubre de manera magnífica en 1980 (disponible temporalmente en la web de RTVE): la irracionalidad que lleva a acabar con la vida del enterrador del pueblo por dar sepultura a policías y guardias civiles, al propietario de un bar por ser señalado por un vecino (la cobardía, siempre) como «peligroso ultraderechista», a guardias civiles y policías, en fin, por ser fuerzas de ocupación aunque realmente no eran más que jóvenes buscando un futuro, cercenado en un restaurante con un tiro por la espalda.

No pretende el documental ahondar en causas ni explicaciones históricas, tan solo intenta buscar las raíces de semejante perversión dando voz a esposas, familiares y compañeros, colocándolos en los lugares de los hechos, aún con las cicatrices muy abiertas. Y ese es su verdadera contribución, la más necesaria: dignificar su dolor y sobre todo, como pretende Bittori en Patria conocer la verdad, el reconocimiento mínimo que su sacrificio, este sí verdadero, se merece.

Los avatares de la librería donostiarra Lagun, fundada a principios de los años 70 por María Teresa Castells e Ignacio Latierro son el tema central del documental dirigido por Belén Verdugo. Lagun y la resistencia frente a ETA nos cuenta la transformación de libreros, clientes y amigos en un ejemplo de valentía y de resistencia de la sociedad civil ante una perversión paradójica, rayana en lo esquizoide: atacada por la ultraderecha franquista en su génesis para posteriormente, ya en democracia, ser señalada por la izquierda nacionalista y colocada en la maligna diana terrorista.

El hecho de que alguien discrepe, resista, plante cara en una situación de violencia, se convierte en una categoría moral

Fernando Aramburu

Como complemento a la lucha de la librería frente a los ataques sufridos desde 1983 durante cuatro décadas de irracionalidad («¿Para qué coño han causado tanto dolor?…Para nada») jalonan el documental testimonios de la sociedad civil que se enfrentó al terror y a sus matones: el empresario Alkorta y su arrojo ante las amenazas, el idealismo osado de Gesto por la Paz, su lazo azul y el silencio como protesta, el sufrimiento de algunos periodistas por ser los primeros en llamar a las cosas por su nombre y en definitiva el de las víctimas que nunca cejaron en buscar un altavoz para su reconocimiento ante la indiferencia del poder en muchos casos y el desdén de vecinos e incluso amigos en lo que fue su segunda muerte.

Ignacio Latierro, cofundador de Lagun, en un momento del documental

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