En tiempos dominados por la autoficción resultan mucho más auténticos aquellos escritores que optan por contar sus vidas sin tener que utlizar subterfugios narrativos ni disfrazarse bajo otras identidades. Por esa razón, estas vigilancias de hoy, las primeras de un noviembre que viene oscuro, desangelado y hogareño por imperativo legal, hablan de diarios y diaristas.
Diarista y no muchas cosas más (como él mismo reconoce en una maravillosa entrevista en el número 32 de Jot Down) es Iñaki Uriarte. En sus Diarios, cuya edición completa publicó en 2019 Pepitas de Calabaza, nos reencontraremos con los avatares de una vida casi olvidada, la del diletante, el bon vivant. Eso sí, escritos con naturalidad y elegancia, para admiración y, por qué no decirlo, envidia. Y no solamente por la calidad literaria.
De una belleza absoluta es cualquier cosa que escribe Héctor Abad Faciolince, que al contrario que Uriarte es muchas cosas: columnista, novelista, diarista. Los suyos están publicados por Alfaguara y se titulan Lo que fue presente. Diarios 1985-2006 y en ellos hay belleza en las palabras y crudeza en lo narrado, sin miramientos. Y aunque propiamente no lo sea, no podemos resistirnos a decir que El olvido que seremos, cima en su carrera, también tiene mucho de diario.
El más reciente llega de la mano de Ignacio Peyró, periodista y traductor, que narra en Ya sentarás cabeza. Cuando fuimos periodistas (Libros del Asteroide, 2020) sus vivencias entre 2006 y 2011 en medios de comunicación pero también próximo al poder, como escritor de discursos políticos. Conocerlas puede ser una buena manera de iniciarse en un género literario que recupera su crédito y gana lectores día a día, con la misma constancia anotadora del diarista.




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