el Gaviero

un blog personal de José María Cumbraos

Libertad, el western como solución

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El segundo trabajo de Enrique Urbizu para Movistar+ reafirma el dominio y la madurez realizadora del veterano director y a la vez la solvencia interpretativa de un elenco que en gran medida ya había utilizado en su primer trabajo para la plataforma, la más que notable Gigantes (de segunda temporada quizás innecesaria) pero a diferencia de aquel, esta Libertad acaba siendo una serie más irregular, no solo en sus aspectos puramente técnicos sino también por la arriesgada, y a la postre fallida, opción doble de exhibición como serie y a la vez como película.

Centrándonos unicamente en lo puramente relacionado con la historia y su desarrollo en imágenes, sirva el visionado de Libertad para constatar lo poco que el audiovisual nacional ha puesto sus miras en un fenómeno histórico tan particular como el del bandolerismo en la España del sur del siglo XIX, dotado de características (romanticismo, folklorismo, desigualdad social, lucha de clases, paisajismo e incluso un enemigo exterior, desde 1808, tan incorporado al acervo cultural patrio).

Por el motivo que sea (sin valorar por qué otras etapas históricas más próximas merecen mayor tratamiento y sin tener en cuenta a esas voces que reclaman al cine español que glose, a lo Juan de Orduña, sus momentos de mayor ardor), el audiovisual español no ha explotado nunca el filón que las historias de bandoleros le ha ofrecido. Dicho lo cual, es de justicia reconocer y agradecer a Urbizu la valentía en promover una serie basada en una historia tan alejada de la contemporaneidad urbana pero tan cinematográfica y sobre todo, tan nuestra.

Foto: Movistar+

Posiblemente esa ausencia de referentes hace que Urbizu opte por otros bien lejanos. Libertad tiene todos los componentes del western más clásico, especialmente los psicológicos, los relativos a unos personajes de ficción (aunque podamos encontrar obvias similitudes con otros reales) cuyas vidas quedan determinadas por la dureza del entorno y marcadas por la violencia de su tiempo.

Así, Lucía la Llanera (una tan inesperada como contenida Bebe), bandolera, en la cárcel los últimos 15 años, salvada varias veces del patio de la horca, en la que su hijo Juan, nacido en la cárcel, ejerce paradójicamente como ayudante del verdugo, pretende la redención y una vida tranquila, alejada de los trabucos y la pólvora. Lo mismo pretende Lagartijo, bandolero de leyenda, deseoso de retirarse a Portugal pero dominado todavía por el recuerdo y la conciencia de recuperar a ese hijo que tuvo con La Llanera. Cabalgan juntos pero su rastro es seguido por Aceituno, antiguo miembro de la cuadrilla de Lagartijo y buscando también arreglar cuentas pendientes con su antiguo jefe y con el poder oficial, encarnado por el Gobernador, corrupto ilustrado deseoso de medrar en cuanto la grandeur francesa se establezca en una España que salvaje y todavía por educar, pretende limpiar de delincuentes. A este núcleo central de almas patibularias se añade un personaje más, el solitario Pedro Urquijo, libertario e idealista, deseoso de navegar hacia América impulsado por los vientos de libertad que allí soplan.

Esa opción por la narrativa del western caracteriza a la obra dotándola de todo su sentido, alejándola si cabe aún más de los antecedentes del bandolerismo que conocíamos en las pantallas españolas, No hay en Libertad ni un ápice del folklorismo romántico e irreal de anteriores contribuciones sobre el tema pero tampoco pasará a los anales de nuestra historia televisiva como el Curro Jiménez televisivo de los 80. Estos son otros tiempos.

Libertad no es una serie perfecta: Urbizu se modera e incluso renuncia a manejar la violencia como en Gigantes, cuando aquí parecía un recurso más facilón y justificable, desaprovecha en parte la buena oportunidad de utilizar al personaje del hispanista inglés como hilo conductor de la serie pero es indudable que está realizada por alguién que conoce la pantalla, sus lenguajes y cómo aprovechar sus referencias. Esperemos que haya abierto un camino por el que el audivisual español se mueva con más frecuencia.

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