Ahora que ya se ha perdido aquella tradición periodística de preguntar a los presidentes del Gobierno qué obras literarias metían en su maleta veraniega (selección en la que asesores externos y la vanidad habitual les hacían ser pródigos en falsedades y mentiras, también aquí) , tomo yo el testigo y reseño la selección propia, lecturas -estas sí- verdaderas y reales, deseando que sean útiles y de interés para todo aquel que considere que hay vida literaria más allá del estío.
Friday Black (Nana Kwame Adjei-Brenyah, Libros del Asteroide)

Volver la vista atrás (Juan Gabriel Vásquez, Anagrama)

La mitad fantasma (Alan Pauls, Literatura Random House

Friday black (Nana Kwame Adjei-Brenyah, Libros del Asteroide)
Sigue Libros del Asteroide desarrollando un catálogo interesantísimo, dotado de un criterio, rigor y variedad admirables. Friday Black, debut en España de Nana Kwame Adjei-Brenyah, revelación de las letras norteamericanas, es una recopilación de cuentos publicas allí en 2018 y traducida ahora por el siempre brillante Javier Calvo. En ellos, el escritor afroamericano, joven, del año 91, desarrolla un universo propio, alojado en un futuro cuya realidad puede ser más o menos inmediata pero que no nos cuesta nada identificar vinculado a contextos plenamente actuales como el activismo antiracista, los avances científicos o la polarizacion ideológica.
Estas variables están presentes en Los cinco de Finkelstein, extraordinaria, dura y oscura narración sobre la desigualdad, el racismo y el fanatismo con la que se abre el volumen para dar paso a otros once relatos descarnados, faltos de esperanza pero dotados también de una intención denunciadora: de la pobreza y la injusticia social, del consumismo (ejemplificado en el cuento que da título al libro), de la falta de oportunidades y de la lucha por la supervivencia en una tierra que quizás ya no ofrezca tantas posibilidades como antaño.
En los 12 cuentos el lector entra a parques temáticos absurdos e impensables hace algún tiempo pero que ahora a buen seguro reconocerá; atraviesa por ciudades planificadas para la diferenciación por clases y en las que el ascenso y la mejora social es imposible; y recorre mundos no tan alejados de la realidad en los que el idealismo ha sido superado por un pragmatismo brutal, ejemplificado en grandes almacenes (ya familiares a todos nosotros) en los que la competencia entre clientes en búsqueda de la mejor oportunidad es un juego de niños comparada con la violencia entre los empleados por mejorar sus balances, llevada al paroxismo incluso.
Adjei-Brenyah nos deja en definitiva un excelente volumen, de una honestidad descarnada ,sin concesión alguna al optimismo pero también con un particular y agradecido sentido del humor y dotado de un compromiso social y crítico indudable.
Volver la vista atrás (Juan Gabriel Vásquez, Alfaguara)
El lector coincidirá en que entre esta novela de Juan Gabriel Vásquez y la, justamente celebre, El olvido que seremos, de Héctor Abad Facionlice, no son pocos los puntos en común: la asfixiante Colombia, sembrada de violencia, la omnipresencia física y psicológica de la figura del padre, la búsqueda de unos ideales que alcanzan la desmesura y otros, menos evidentes que la subjetividad de cada uno podrá hallar en ambas lecturas.
Pero sobre todo hay un nexo en común que une a ambas novelas: la capacidad de emocionar al lector, algo que no está al alcance de todos los escritores. Con planteamientos diferentes, estos dos lo consiguen: Abad Faciolince, con una belleza que atrapa, por el sendero de las memorias, Vásquez, manejando tiempos y espacios con maestría, novelando la biografía de Sergio Cabrera, reputado cineasta colombiano del que ahora, en plena encrucijada vital, descubrimos un pasado increíble.
Exiliado republicano instalado finalmente en Colombia tras deambular por toda Sudamérica, Fausto Cabrera, como el doctor Abad, también marcará toda la vida de sus hijos, aunque en este caso anteponiendo los ideales y su frustración al amor filial. Esas ideas llevarán primero a la familia a la China maoísta donde pasarán Sergio y su hermana Marianella una adolescencia que devendrá en terrible cuando sus padres retornen a su país sin ellos, testigos obligados de la irracionalidad de la Revolución Cultural, una entrega a unos ideales que tendrá un tour de force todavía más increíble cuando ambos regresen a Colombia donde tratando de exportar el maoísmo ingresarán en las filas de la guerrilla.
En Volver la vista atrás las palabras de Juan Gabriel Vásquez nos llevan con solvencia de la China maoísta a la selva colombiana en capítulos que podrían tener su propio camino, entendidos incluso como una novela de aventuras, pero que se convierten en gran literatura y se comprenden cuando el autor las mezcla con maestría con las reflexiones del actual Sergio Cabrera, homenajeado en Barcelona, alejado no solo del predominio de los ideales sino especialmente de la figura del padre.
La mitad fantasma (Alan Pauls, Literatura Random House)
Savoy está solo. Apenas sabemos nada de él, de su pasado y de sus relaciones. Desconocemos si ha llegado a ese estado por voluntad propia o si han sido las circunstancias, las del amor o su falta u otras, las que le han postergado a apartarse. Este es el punto de partida de esta novela, escrita por el argentino Alan Pauls.
A medida que avance por las páginas, el lector le restará importancia a los antecedentes y se satisfará paladeando los párrafos elegantes de Pauls, densos y a la vez vigilantes siempre a no perder el sentido de la narración, el contexto donde transita la vida del protagonista, irrelevante y desangelada hasta que conoce a Carla.
Carla, nómada por motivos profesionales (salta de continente en continente revisando alojamientos turísticos) es lo opuesto a Savoy. Manejar literariamente esa diferencia es una de las habilidades de Pauls, saber alejarse de lo cómodo que resultaría una relación virtual como la que mantienen los protagonistas y optar por centrarse en narrar el comportamiento de Savoy antes la recuperación, quizás el descubrimiento de sensaciones de las que se creía huérfano.
Todo ello lo hace Pauls con un dominio absoluto de los tiempos y las formas narrativas (no está de más recordar que esta es ya su octava novela), a base de párrafos amplios, estirados, pero sin perder el contexto jamás y especialmente con una riqueza lingüística que resulta por momentos asombrosa.

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