Tras un letargo tan continuado como involuntario, regresan las vigilancias culturales. Lo hacen dedicando su novena entrega a tres ejemplos sólidos de eso que se ha dado en llamar docuficción, cada vez con mayor aceptación entre la oferta cultural.
Sí no sabéis de mí
Limitado hasta hace bien poco a un papel secundario como soporte de grabaciones radiofónicas, el podcast ya es artefacto para la creación original, con características literarias de primer orden. Por esa razón, que no por desdén, llega por primera vez a estas vigilancias y lo hace de la mano de una estupenda serie, Si no sabéis de mí, creada y dirigida por Patxi Belyeu y Leire Araz para Producciones del KO.

A través de un prólogo y cinco episodios, la serie intenta explicar qué razones llevaron a Martín, treintañero madrileño, a enrolarse en 2015 en las milicias kurdas para combatir al ISIS en Siria y sobre todo, qué piensa su grupo de amigos de esa decisión y cómo les afecta un renacimiento personal tan traumático.
A todos ellos escuchamos de manera sincera, desazonados algunos, indiferentes con el paso del tiempo otros. Belyeu, narrador y sobre todo amigo, entre el dolor y la falta de información para explicar la marcha, escoge antes hablarnos de las heridas que quedan abiertas que las causas de la marcha, sin que el regreso asegure el cierre de las cicatrices, relegadas ante unos ideales llevados casi al paroxismo.
How with John Wilson
Vuelve John Wilson con su How to with (del que ya se habló en este blog en su día) y regresa su genuina y maravillosa manera de ver, grabar y enseñarnos cómo es su ciudad, Nueva York. Registra a la ciudad y a sus gentes para seguir ilustrándonos como se enfrenta a los problemas cotidianos. Lo hace con la misma ingenuidad y, especialmente, con una creatividad y una originalidad sorprendentes. Con los miles y miles de imágenes grabadas en la Gran Manzana -las mejores las realizadas en zonas tan alejadas del tópico viajero- se entrega Wilson a un montaje frenético, a un ritmo brutal pero que nunca le aparta de la idea inicial de cada una de las entregas.

Que un capítulo dedicado a sus experiencias inmobiliarias (para poder aceptar la oferta de venta del edificio de su antigua casera, de sobra conocida por los que disfrutamos la excelsa primera temporada) acabe pasando por la vida de un ventrílocuo y regrese, como en un círculo mágico, a la idea inicial sin que el espectador pierda el interés y el hilo conductor nunca o que en otro se explique con tanta ingenuidad como realismo el mundo del aficionado al vino es algo que está al alcance solo de un genio. Y John Wilson lo es.
Salvar al Rey
Más que docuficción, esta serie documental de HBOMax es entretenimiento. Bochornoso pero gran entretenimiento televisivo porque las andanzas del Emérito están narradas con agilidad, porque la nómina de participantes es ingente (por mucho que algunas presencias parezcan metidas con calzador y poco aporten otras -que Juan Luis Cebrián o Anson, pasen de puntillas tiene delito) y apenas falte nadie de los que imaginamos podrían hacerlo y porque en sus tres capítulos la serie engancha obviamente dada la importancia de lo que se narra.
Pero de ahí no pasa, no deja de ser un show televisivo con un par de novedades importantes con respecto a anteriores trabajos basados en la figura de Juan Carlos I: el rol protagónico de Queca Campillo, entre amante y confesora durante 40 años y las declaraciones, sorprendentes de lo firmes que parecen, de varios ex-agentes de los servicios secretos sobre la total implicación del monarca en la trama golpista del 23-F. Salvo eso, todo lo demás forma parte, como casi tantas cosas hoy en dia, del show. Y en eso se quedará todo.


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