The Bear (FX, Disney +)
serie de televisión
Tras Shameless, aquel inolvidable descenso a las miserias más reales y profundas de la capital del estado de Illinois, vuelve Chicago a ser el escenario de otra serie magnífica, sin el patetismo de los Gallagher pero, como aquella, repleta de luchadores y supervivientes e interpretada también por un elenco soberbio.
Calles, rascacielos, barrios, la misma Chicago que aquí adopta un perfil más bajo, presente pero vigilante, para que todo se concentre en un restaurante de carne, The original beef of Chicagoland, popular, sin excesivas pretensiones, de los de clientela habitual y del que, tras la prematura e inexplicada muerte de su propietario, se hace cargo Carmy Berzatto, su talentoso hermano pequeño, de vuelta a la ciudad desengañado tras sus experiencias en la gastronomía más glamourosa de estrellas Michelin y escarificaciones.
Es el restaurante una suerte de refugio para todo su personal y sus allegados, que también los hay. Cada uno con su drama. El del propio Carmy (magnífico Jeremy Allen White, otra conexión con Shameless) superado en el día a dia de un local alejado de sus sueños, inundado de deudas, facturas y alcantarillas inmundas que explotan y sobre todo ansioso ante muchos porqués que nadie parece ser capaz de resolver.
Cristopher Storer, guionista, conduce con brillo a una decena de protagonistas a un constante encontronazo, una lucha en pocos metros cuadrados por adaptarse a la metamorfosis que el nuevo chef y su meritoria ayudante Sydney (la desconocida pero increíble Ayo Edberi) intentan para lograr la supervivencia de un local condicionado por la resignación y la impericia de unos personajes a los que categorizaríamos, a primera vista y como siempre injustamente, como un grupo de perdedores sin más ambición que la supervivencia diaria.
Pronto descubriremos que todos ellos tienen anhelos y sueños. Y eso hará que el local se convierta en una jaula de grillos, en la que habrá luchas, dialécticas, posteriormente físicas, tiros y algún involuntario apuñalamiento incluso, todo ello por defender el status de cada cual; la trama se conduce por momentos, muchos momentos, hacia un insufrible intercambio de gritos, peleas, discusiones sin fin, sin descanso ni respiro entre turno y turno.
En The bear, además de los dramas personales, todo está condicionado por Richie, casi un hermano para el anterior propietario del local, lo único que puede explicar su presencia allí. No tiene habilidades culinarias, ni disposición ni mucho menos habilidades sociales. Su actitud y sus tejemanejes llevarán al local y sus personajes a situaciones insostenibles.
Lo irá descubriendo el espectador. Lo hará a través de un montaje ágil, a veces con elementos del documental, con un ritmo tan frenético como el de las elaboraciones, por las que la cámara irá preocupándose más y más a medida que avancen los capítulos.
La explosión final del antológico sexto, rodado casi todo en un plano secuencia extraordinario, aliñado al inicio con una versión de Sufjan Stevens de su maravillosa e inevitable Chicago y rematado con descarnados temas de Wilco o Radiohead, entre otros, en una banda sonora a la altura de la serie, anticipará la expiación de las culpas para unos personajes superados que tendrán, como el local, una nueva oportunidad. Estaremos atentos para ver si la aprovechan,

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