el Gaviero

un blog personal de José María Cumbraos

Lecturas y mucho sexo en el The White Lotus siciliano

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The White Lotus (HBO Max)

En los hoteles de The White Lotus se lee mucho, más en el de Hawaii que en el de Sicilia. Por placer y por esnobismo. Y los creadores de la serie manejan la lectura a su antojo, dándole un empaque y un significado a títulos y lectores.

También hay clientes que se jactan de no hacerlo y otros como Harper (Audrey Plaza) que consideran inexplicable que las personas no lo hagan y que, especialmente, no lo haga la pareja que ha convencido, a ella y a su marido, a pasar una semana en el idílico establecimiento siciliano donde tiene lugar la segunda temporada de la serie.

Ese desdén por la lectura y la cultura (“esos ricos europeos que tienen ‘palazzos’ pero no tienen dinero”) altera a una Harper, desplazada y recelosa no solo de sus nuevas amistades sino también de los silencios de su marido y su inapetencia sexual.

Porque en este White Lotus mediterráneo, un paraíso del lujo en un paisaje idílico cuyas bellezas no se cansa de mostrar la serie, el sexo lo condiciona todo, es el epicentro de los desvelos de los protagonistas, siempre presente y activo como ese Etna incansable que vigila la isla.

Usan el sexo las dos sicilianas (estupenda la decisión de la producción de mantener el italiano en tantas escenas, subtitulándolo) para conseguir sus sueños; el deseo sexual se traspasa genéticamente entre abuelo, padre e hijo y condiciona su proyecto de localizar sus raíces italianas; el sexo, ya se ha dicho, refuerza a una pareja y separa más a la otra; el sexo, como nueva ilusión para la gerente del hotel y, en fin, el sexo, placentero pero manipulador para la multimillonaria Tanya, una Jennifer Coolidge reinona excesiva, agotadora como no podía ser de otra manera.

Hay muchos paralelismos entre esta temporada y la anterior, más histriónica e irregular aquella, quizás muy condicionada por el personaje del gerente del hotel, más completa esta -empezando por un similar hilo conductor que hace de la trama un Cluedo al que atender con dedicación con nuestras suposiciones capítulo a capítulo- pero en ambos casos manejada magistralmente por su guionista y director, Mike White, capaz de dotarlas de personalidad propia.

Mientras hay cierta contención en la primera temporada, reducida a una crítica a la explotación turística de Hawaii, en esta segunda White sabe sacar todo el partido al contexto siciliano (la fiesta organizada por Quentin y su pandilla gay en honor a Tanya la narra con la misma agilidad y barroquismo de las orgías berlusconianas de Sorrentino), es diestro en el manejo de los tópicos (el paseo en Vespa de Tanya y Greg, las aldeanas que ahuyentan a sus parientes americanos, los habitantes del pueblo que miran sin disimulo a Harper en Notto…) y contenido en las referencias cinéfilas (la Madame Butterfly de la ópera de Catania, la Monica Vitti que Tanya desea ser).

Y además, la trama siempre es capaz de tomar distancia con unos personajes que, rodeados de color y belleza, representan todos las debilidades y los claroscuros de la vida, sea cual sea su clase social.

Una joya para los sentidos.

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