el Gaviero

un blog personal de José María Cumbraos

De autores desconocidos y de cómo construir recuerdos

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(Melody, Martin Suter, Galaxia Gutemberg, 2025)

Siempre existen dudas al acercarnos por primera vez a un escritor ni leído ni siquiera conocido. A veces lo fiamos todo a lo que se haya podido extraer de alguna referencia, recomendación o reseña o incluso de lo visto en un mostrador o estantería de librería, del argumento leído al hojear sus páginas e incluso sencillamente de una portada o una faja que llamen la atención. Es difícil que solo uno de estos aspectos formen la decisión final, mucho más normal es una conjunción de todos ellos.

Todo eso le ha pasado a cualquier lector en cualquier momento, más aún en un mercado tan rebosante de novedades como el mercado literario de hoy en día. Todo eso, esas dudas, nos seguirá pasando por mucho que las referencias o reseñas se hayan ido moviendo de la prensa a las redes, de críticos a curadores, de amigos a influencers.

En Melody (publicada en España por Galaxia Gutemberg, 2025) primera aproximación de este lector a la obra del suizo Martin Suter, exitoso escritor en su país y en Alemania, en cuya lengua escribe, casi desconocido en el nuestro, los riesgos se minimizan y las dudas se despejan en cuanto avanzamos por sus páginas. Es una novela sencilla y sin pretenciosidad alguna. El autor mece la historia de un tiempo a otro, incorpora protagonistas incluso hasta las últimas páginas y, en todo momento, intenta mantener al lector pegado a la vida de Stotz, antiguo político suizo que en sus últimos momentos trata de recomponer lazos con su pasado, encargando dicha tarea a un joven y casi inexperto abogado, Tom Elmer.

El Doctor Stotz, figura central en el manejo de los hilos de la política y la economía suizas durante décadas, potentado de contenida excintricidad pero excelente gusto (la novela es un complete tratado de gastronomía italiana, la que cocina la criada Mariella, a la vez que una carta de vinos de toda Europa), usa a Tom para ajustar cuentas con su vida y en especial con la relación con la mujer que da título a la obra. Lo logra con un estudiado control de los tiempos, con muchas veleidades y con las suficientes dosis de suspense como para que áquel no pueda evitar abandonarlas, ni la vida narrada ni sus ficciones.

A medida que Tom, y con Tom, nosotros, profundicemos en ambas veremos cómo la version de los hechos de Stotz es voluntariamente diferente a la realidad que van apareciendo en carpetas, archivadores, estanterías e incluso recovecos de una casa en la que, al estilo del Manderley de la Rebeca hitchcockiana, todo está presidido por la presencia de Melody.

Resulta muy curioso leer como Stotz, hombre culto y de gustos refinados, afirma ser aficionado únicamente a la novela (sin apenas espacio en su biblioteca para otros géneros como el ensayo o los relatos históricos que parecen ser más leídos a medida que envejecemos, quien sabe si en un afán por refrendar nuestros saberes, o revisarlos, quien sabe si en un afán de eliminar todo viso de ficción de la propia vida).

Suter emplea un narrador en tercera persona para sobrevolar a todos los personajes, llevándolos de Suiza a Grecia, y además dispone del propio Stotz, desprovisto de objetividad y cegado por la pasión para contarnos una versión de su vida con Melody. Esto es lo que explica el desdén del protagonista para con otros géneros literarios: la novela, sus relatos contados a Tom, le sirven para adulterar los recuerdos que conserva todavía o incluso para construir otros nuevos.

Para evitar ese desequilibrio el autor maneja tiempos y conversaciones con la duración adecuada, se limita en las descripciones y es hábil en conducir al lector a descubrir la realidad no ficcionada por Stotz.

Estrenarse en la obra de Martin Suter permite conocer a un escritor con oficio (como el William Boyd de la anterior aparición por esta web) y con talento y contención en su justa medida. Quizás no sea necesario ni le exijamos más porque nos resulta suficiente. Hay libros que se aprecian desde la sencillez, que no llevan ni necesitan alharaca ninguna. Lo narrado se basta por sí mismo para hacernos reflexionar, aquí sobre la realidad y la ficción, sobre las dobles vidas que a veces resultan necesarias para mantener ilusiones, gustos y sentidos e incluso privilegios.

Melody es todo eso y además es una historia sobre cómo los caminos por mantener al amor como eje central de la vida son inescrutables, estos también.

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