Crónicas de la Alemania Nazi (Manuel Chaves Nogales, Página indómita, 2025)
Desde hace más de una década asistimos al reconocimiento de Manuel Chaves Nogales como uno de los autores fundamentales de la literatura española de la primera mitad del siglo XX. De él se ha recuperado casi la totalidad de sus escritos, su obra periodística y literaria ha recibido el reconocimiento crítico obligado, ha sido incluso recientemente objeto de agrias disputas entre algunos de sus estudiosos y en torno a ella se han desarrollado propuestas editoriales convincentes y arriesgadas. Y con todo, sin evidencia empírica alguna, me atrevería a decir que a Chaves Nogales se le menciona mucho más de lo que se le lee.
Si se le leyese más, dejaríamos de escuchar a pensadores, intelectuales, incluso a tertulianos grandilocuentes, hablando del periodista sevillano como un emblema de la denominada tercera vía, una corriente alejada de bando alguna y crítica con los horrores surgidos tras el golpe de Estado del 36 en España. No es el caso. Chaves Nogales, liberal y republicano, jamás se mantuvo ecuánime, siempre defendió el orden constitucional y fue, como tantos, víctima del franquismo. Su ideología no era otra que contar lo que veía y reflejar la crudeza y la violencia de la sinrazón de unos y otros –”perfectamente ejecutable por ambos bandos” llegó a declararse– pero sus columnas y sus crónicas se sostenían en una firmeza democrática frente a los que pretendían acercarse al totalitarismo como en la Alemania que recorre en 1933 o frente a los que subvierten el orden constitucional como en la España del 36.
Estas crónicas alemanas resultan un excelente punto de partida para los que se quieran iniciar en la obra de Chaves Nogales, un primer paso para continuar con cualquiera de las recopilaciones de sus textos periodísticos sobre la II Guerra Mundial (las escritas desde París para agencias y cabeceras de todo el mundo han sido editadas recientemente y se anuncian más para pronto) o sobre la guerra civil española (con sus relatos sobre la defensa de Madrid o de manera más general mediante la lectura de esa indudable obra maestra que es A sangre y fuego).

En apenas ciento veinte páginas escritas para los lectores del diario madrileño Ahora, del que sería director en plena guerra civil, y ahora editadas casi un siglo después con mucha mesura, da la sensación de que Chaves Nogales no creyó capaz a Hitler (suponemos que tampoco a Mussolini, las crónicas italianas no han sido localizadas) de esparcir su semilla totalitaria sobre el mundo y mucho menos que lo plantado germinase también, guerra civil mediante, en su país, del cual se vería obligado a marchar para acabar sus días y su prodigiosa carrera en París y luego en Londres, desolado y rendido ante la ignominia y la brutalidad que asolaban al mundo.
La explicación de los hechos germánicos va en esa línea. Chaves Nogales llega a Alemania desde Francia y eso le proporciona una primera idea de cómo son las relaciones (pésimas) entre ambos países para ir entendiendo que lo que escucha en el Sarre, lo que habla en las tabernas de Kaiserslautern o la violencia a la que asiste en las anchas aceras de las calles berlinesas no es más que la entrega total de un país, hundido y descreído, al militarismo y al afán imperialista de un fanático acogido por una sociedad (o se le impone en otros casos, los menos) que lo contempla como única salida a la crisis, económica y de valores, en la que la Gran Guerra la ha dejado.
Ve cómo los comercios judíos empiezan a ser cerrados y la población obligada a comprar en comercios de arios sin tacha; asiste a las palizas que los camisas pardas propician a esos pocos discrepantes (pacifistas, socialistas, algunos sindicalistas, homosexuales, por supuesto judíos) en la Unter den Linden o la Postdam Platz; visita un campo de trabajadores voluntarios, germen de los soldados que formarán parte de la Wehrmacht a partir de 1939, pero en cambio no recibe autorización para visitar Dachau, otro tipo de campo; incluso explica cómo el sistema político-ideológico nazi devuelve a la mujer a su rol reproductor, alejándola de los centros de trabajo fuera del hogar, donde desempeñaba un papel fundamental en entreguerras.
Y entrevista ni más ni menos que al mismísimo Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda, antisemita furibundo, un hito para el que algunos consideran el mejor periodista español del siglo XX.
En su crónica última el periodista sevillano identifica a Hitler, Mussolini o Lenin como medianías, como “señores discretos con gabardina” favorecidos por la situación de pobreza o de humillación y derrota por la que atraviesan sus países tras pasados gloriosos. Trata también, y lo hace en todos las crónicas, de poner en duda que el advenimiento de personajes de esa calaña fuese posible en sistemas democráticos liberales y republicanos como el español.
Chaves Nogales contempla y refleja con sencillez ese mundo cambiante. Hasta le notamos un punto de ironía, especialmente cuando se atreve a valorar cómo se podrían trasladar los hechos alemanes a España. Ironía que el tiempo y los hechos acontecidos traducen en ingenuidad. Esa ingenuamente o su idealismo no le permitieron aventurar que en su país una medianía acabaría con esa democracia y gobernaría durante cuatro décadas negrísimas, unos tiempos tan míseros y oscuros que resulta inaudito que algunos los añoren hoy.

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