Redenciones en The virtues
Historia de una redención, o de varias para ser más exactos (la del protagonista central, Joseph, pero también la de Dinah, eso que el fariseísmo conoció siempre como una mujer descarriada), The Virtues es un drama bien escrito, delicado allí donde el escenario es áspero como la historia, pero sobre todo increíblemente bien interpretado por un Stephen Graham superior.
Dirigida por Shane Meadows, la serie de solo cuatro capítulos (disponible en Filmin, junto a otra gran parte de lo mejor de la ficción británica de los últimos tiempos, con Brexit o sin él) es un drama sobre esos a los que muchas veces se conoce como perdedores, generalmente por aquellos que no saben lo fina que es la línea que separa la vida acomodada del desastre, aquellos que deberían sentarse a verla y reflexionar, sin necesidad ni siquiera de esperar a los absolutamente inolvidables veinte minutos finales.
Paradais, de Fernanda Melchor
Bien tratada ya por la crítica por su novela anterior, Temporada de huracanes, Fernanda Melchor nos deja ahora una novela corta, Paradais (Literatura Random House), 150 intensas páginas, de narración incansable, frenética, que nos rememora incluso al Vargas Llosa de los inicios del boom en un traslado, otro más, no nos cansamos de leer sobre ese país, a México y sus desigualdades.
La autora las conoce. La vida de uno y otro protagonista (el de vida acomodada obsesionado con su vecina y el del jardinero, explotado por una clase a la que desprecia y tentado por el narcotráfico, huyendo ambos de un presente oscuro hacia un futuro negro) son descritas a toda velocidad pero con total precisión, sin dar reposo alguno al lector, con un manejo de lenguajes y estilos que confirma la calidad de su escritura y nos deja expectantes ante sus próximos trabajos.
Decepcionante Sky Rojo
Se podría esperar que los responsables de ese éxito comercial que resultó ser La casa de papel aprovechasen para pulir defectos y apartarse de lo facilón en esta Sky Rojo presentada como se podía imaginar a bombo y platillo por su distribuidora, Netflix. Nada más lejos de la realidad.
Apoyándose en un uso de la música excesivo por innecesario, los creadores de la serie anteponen lo visual, con montajes pretendidamente cinéfilos (facilones efectos que no dejan de ser una sucesión de fallidos homenajes a Tarantino, Brian de Palma o incluso al Robert Rodríguez de Abierto al amanecer), sin preocuparse de reforzar un guión que por momentos resulta ridículo y que resta toda credibilidad a situaciones y personajes, optando incluso al final por un mensaje mojigato y cargado de moralina que nada tiene que ver con un inicio pretendidamente gamberro. Toda una decepción.

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